El uso de la palabra marrulleros se relaciona con una actitud o comportamiento que implica engaño, trampa o aprovechamiento de la bondad ajena. Aunque no se menciona directamente, en este artículo exploraremos el significado detrás de este término, su uso en contextos cotidianos y cómo identificar a una persona con esa característica. Este vocablo es común en la lengua coloquial y puede aplicarse en situaciones sociales, laborales o incluso en relaciones personales.
¿Qué significa marrulleros?
Cuando alguien es calificado como marrullero, se está refiriendo a una persona que actúa con engaño, astucia o tramoya, muchas veces para obtener un beneficio propio a costa de otros. Este término describe a individuos que, aunque pueden parecer amables o simpáticos, ocultan intenciones ocultas o manipuladoras. El adjetivo marrullero proviene del verbo marrullar, que significa engañar o burlarse de alguien con astucia.
Un dato interesante es que el uso de esta palabra se remonta al español medieval, donde ya se empleaba en textos literarios para describir personajes que actuaban con doble intención. Por ejemplo, en obras de teatro de Lope de Vega o Cervantes, se encontraban personajes marrulleros que engañaban a otros con apariencia de lealtad.
En el lenguaje moderno, el adjetivo se ha extendido más allá del ámbito personal. También se usa para referirse a negocios que operan con trampa o a situaciones en las que se falsea la realidad para manipular a otros. Por tanto, marrulleros no solo se aplica a personas, sino también a prácticas o actitudes engañosas.
Las facetas del marrullero en el lenguaje cotidiano
La palabra marrullero no solo describe una actitud, sino también una forma de comportamiento que puede manifestarse de múltiples maneras. En contextos sociales, una persona marrullera puede ser la que promete algo y no cumple, o que se hace el amigo para obtener favores. En el ámbito laboral, puede ser aquel que toma créditos por logros de otros o que manipula situaciones para ascender sin mérito real.
En la vida personal, alguien con estas características puede usar el chantaje emocional o la mentira para controlar a otras personas. Estas acciones no siempre son obvias, lo que las hace peligrosas, ya que muchas veces se camuflan bajo una apariencia de amabilidad o confianza. Por eso, identificar a una persona marrullera requiere atención a los detalles y una lectura más profunda de sus acciones.
Un aspecto clave es que, a diferencia de una persona engañosa de forma abierta, el marrullero tiende a ser más sutil. Puede usar lenguaje manipulador, como el uso constante de cumplidos vacíos, promesas que no cumple o una fachada de lealtad que es solo aparente. Esta capacidad de engañar con sutileza es lo que lo hace difícil de detectar a simple vista.
El marrullero y el lenguaje coloquial
En muchos países de habla hispana, el término marrullero también se ha utilizado en expresiones coloquiales. Por ejemplo, en México se usa ser un marrullero para referirse a alguien que aprovecha las situaciones a su favor sin importar las consecuencias. En Argentina, se puede escuchar no te dejes marrullar, que significa no dejarse engañar fácilmente.
Además, en el lenguaje de la televisión, la radio y el cine, el término ha sido incorporado para describir a personajes que, aunque no sean malos de forma explícita, tienen una doble intención. Esto refuerza la idea de que el marrullero no es necesariamente un villano, pero sí alguien que actúa con engaño en ciertos momentos.
Ejemplos de personas o situaciones marrulleras
Para comprender mejor el término, aquí tienes algunos ejemplos concretos:
- En el entorno laboral: Un compañero que siempre elogia al jefe en privado, pero detrás le hace la vida imposible a los demás, es un claro ejemplo de marrullero.
- En relaciones personales: Una amistad en la que uno de los dos siempre está pidiendo favores y nunca los devuelve puede ser un signo de marrullería.
- En el ámbito financiero: Una empresa que ofrece ofertas demasiado buenas para ser verdad, con condiciones ocultas, es una práctica marrullera.
- En el ámbito político: Un político que promete cosas en campaña y luego no las cumple, pero sigue recibiendo apoyo, también puede ser considerado marrullero.
Estos ejemplos muestran cómo el marrullero puede aparecer en diversos contextos y cómo sus acciones, aunque no siempre son evidentes, tienen un impacto negativo en quienes lo rodean.
El concepto de la marrullería en la psicología social
Desde el punto de vista de la psicología, el marrullero puede estar motivado por necesidades emocionales como la inseguridad, el miedo al rechazo o el deseo de control. Algunos estudios indican que las personas con tendencias marrulleras tienden a tener una baja empatía y una alta capacidad para manipular emociones ajenas.
La psicología social también describe a los marrulleros como individuos que operan bajo lo que se conoce como moral flexible, es decir, ajustan su comportamiento ético según les convenga. Esto no significa que sean malvados, sino que priorizan su propio beneficio, a veces sin considerar las consecuencias éticas de sus acciones.
En este sentido, la marrullería no es una personalidad fija, sino un comportamiento que puede surgir en ciertas circunstancias. Por ejemplo, una persona puede actuar de manera marrullera si se siente amenazada, abandonada o si cree que el sistema no le da una oportunidad justa. Esto añade una capa de complejidad al análisis de este tipo de comportamiento.
5 características de una persona marrullera
- Manipulación emocional: Usa el chantaje emocional o cumplidos vacíos para obtener lo que quiere.
- Promesas que no cumple: Hace promesas grandiosas que nunca cumple o que cambia constantemente.
- Falso sentido de amistad: Muestra lealtad solo cuando le conviene, y se aleja cuando no hay beneficio.
- Evita la responsabilidad: Siempre culpa a otros por sus errores o fracasos.
- Actitud de doble cara: Muestra una apariencia de bondad y confianza, pero detrás actúa con engaño.
Estas características no son exclusivas de una persona, sino que pueden combinarse en distintas formas dependiendo de la situación o el entorno en el que se desenvuelva el individuo.
La marrullería en la cultura popular
La figura del marrullero ha sido representada en la literatura, el cine y la televisión como un personaje complejo que, aunque no siempre es malo, tiene una doble intención. Por ejemplo, en la novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Cervantes incluye personajes que actúan con astucia, aprovechando la ingenuidad de otros.
En la cultura popular, también se han creado series como La Casa de Papel o El Ministerio del Tiempo, donde ciertos personajes usan la marrullería para lograr sus objetivos. Estos ejemplos refuerzan la idea de que la marrullería no es solo una característica negativa, sino también una estrategia que, en ciertos contextos, puede parecer ingeniosa.
En la música, también se han escrito canciones que describen a personas marrulleras, como Yo no soy marrullero de José José, que habla sobre alguien que intenta justificar sus acciones engañosas. Estos ejemplos muestran cómo la marrullería ha sido un tema recurrente en la cultura hispanohablante.
¿Para qué sirve entender a los marrulleros?
Comprender el perfil de una persona marrullera es esencial para protegerse de posibles manipulaciones. Al reconocer las señales de comportamiento engañoso, se puede tomar distancia emocional o incluso legal si es necesario. Este conocimiento también ayuda a evitar caer en trampas emocionales o financieras.
Además, identificar a una persona marrullera puede ayudar a tomar decisiones más informadas en aspectos como el trabajo, las relaciones interpersonales o las inversiones. Por ejemplo, en el ámbito profesional, conocer este perfil puede ayudar a evitar que se te aprovechen en una negociación o que se te atribuyan logros que no son tuyos.
En resumen, entender la marrullería no solo es útil para protegerse, sino también para mejorar la comunicación y tomar decisiones más inteligentes en diversos contextos de la vida.
Marrullero vs. tramposo: ¿Son lo mismo?
Aunque marrullero y tramposo pueden parecer sinónimos, tienen matices que los diferencian. Un tramposo es alguien que actúa con engaño de manera directa, mientras que un marrullero lo hace con mayor sutileza. Por ejemplo, un tramposo podría mentir abiertamente, mientras que un marrullero lo haría con doble intención y apariencia de amabilidad.
En términos prácticos, el tramposo suele ser más evidente, mientras que el marrullero puede pasar desapercibido hasta que se dan las consecuencias. Esta diferencia es clave para detectar y evitar manipulaciones en diferentes contextos.
Otra distinción importante es que el tramposo actúa con intención de engañar, mientras que el marrullero puede hacerlo por necesidad, inseguridad o para sobrevivir en un entorno hostil. Esto añade una capa de complejidad que no siempre se considera.
El impacto emocional de convivir con un marrullero
Convivir con una persona marrullera puede causar estrés, ansiedad e inseguridad emocional. Al no saber si lo que dice es real o si tiene una intención oculta, se genera una constante tensión en la relación. Esto puede llevar a conflictos, celos o desconfianza entre las personas involucradas.
En el caso de relaciones amorosas, la marrullería puede erosionar la confianza y generar un ambiente de desequilibrio emocional. Por ejemplo, una pareja donde uno de los miembros es marrullero puede sentirse utilizada o manipulada, lo que afecta la salud mental de ambos.
Además, en el ámbito laboral, la presencia de un marrullero puede generar tensiones entre equipos, afectar la productividad y generar un ambiente de desconfianza generalizada. Por eso, es importante reconocer estas señales y actuar con prudencia.
El significado de marrullero en el diccionario
Según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), el adjetivo marrullero se define como que marrulla, o que actúa con trampas o engaños. Esta definición refleja la esencia del término: alguien que actúa con engaño o aprovechamiento.
Además, el verbo marrullar se define como engañar o burlar a alguien con astucia. Esto refuerza que la marrullería no es solo una característica, sino un comportamiento que implica manipulación y engaño.
Otra definición relevante es la de marrullero como persona que se aprovecha de la bondad ajena o que actúa con doble intención. Estas definiciones oficiales son clave para comprender el uso correcto del término y evitar confusiones con palabras similares.
¿De dónde viene la palabra marrullero?
El origen etimológico de la palabra marrullero se remonta al verbo marrullar, que a su vez proviene del latín vulgar *marraulare*, que significa engañar o burlar. Esta raíz se encuentra también en otras palabras relacionadas con el engaño, como marrullero, marrullería o marrullero.
El uso de este término en el español está documentado desde el siglo XVI, en textos literarios donde se describe a personajes que usan el engaño como estrategia para obtener ventajas. Por ejemplo, en El Quijote, se menciona a personajes que actúan con trampas, lo que se podría considerar una forma de marrullería.
Este origen etimológico refuerza la idea de que la marrullería es una característica antigua y recurrente en la sociedad humana, usada con distintas intenciones según el contexto histórico o cultural.
Marrullero en otros idiomas y culturas
En otros idiomas, la idea de marrullero se expresa con palabras similares en significado, aunque con matices culturales distintos. Por ejemplo, en inglés se usa sly o cunning, que se refieren a alguien que actúa con astucia. En francés, fourbe describe a alguien que actúa con engaño. En italiano, falso o bugiardo se usan para referirse a personas que mienten o actúan con doble intención.
En la cultura norteamericana, el término con man se usa para describir a alguien que engaña con trampas o esquemas. En Japón, el término hōyō describe a alguien que actúa con engaño o manipulación. Estos ejemplos muestran cómo la marrullería es un fenómeno universal, aunque con expresiones distintas en cada cultura.
¿Qué hacer si uno es marrullero?
Si una persona reconoce en sí misma rasgos de marrullero, lo ideal es reflexionar sobre las razones detrás de ese comportamiento. Puede ser útil trabajar con un psicólogo para identificar patrones de pensamiento y emociones que llevan a actuar con engaño. Además, buscar terapia emocional puede ayudar a desarrollar una relación más saludable con los demás.
Otra opción es aprender a actuar con mayor honestidad y transparencia. Esto no significa que deba renunciar a sus necesidades, sino que puede buscar maneras más éticas de satisfacerlas. Por ejemplo, en lugar de manipular a otros, puede aprender a comunicar sus deseos de forma directa.
Finalmente, asumir la responsabilidad por las acciones pasadas es un paso importante para cambiar. Esto incluye disculparse cuando es necesario y buscar la confianza de quienes han sido afectados por el comportamiento marrullero.
Cómo usar la palabra marrullero en oraciones
La palabra marrullero se puede usar tanto como sustantivo como adjetivo. A continuación, te mostramos algunos ejemplos de uso:
- Adjetivo: Ese vendedor es muy marrullero; siempre me hace promesas que no cumple.
- Sustantivo: No confío en ese marrullero, solo busca aprovecharse de nosotros.
- Contexto coloquial: ¡No te dejes marrullar por sus palabras! No siempre dice la verdad.
- Contexto profesional: El jefe es un marrullero; siempre atribuye el trabajo a otros.
- En una crítica literaria: El personaje principal es un marrullero que engaña a sus amigos para lograr sus objetivos.
Estos ejemplos muestran cómo el término se adapta a distintos contextos y cómo puede cambiar su tono según el uso que se le dé.
Marrullero vs. mentiroso: ¿En qué se diferencian?
Aunque a primera vista pueden parecer similares, marrullero y mentiroso tienen diferencias importantes. Un mentiroso es alguien que miente de forma directa y clara, mientras que un marrullero lo hace con mayor sutileza, muchas veces usando el engaño emocional o la manipulación.
Por ejemplo, un mentiroso puede negar algo directamente, mientras que un marrullero puede usar un lenguaje ambiguo o promesas falsas para lograr sus objetivos. Esto no significa que el marrullero no mienta, sino que lo hace de una manera más estratégica.
Otra diferencia es que el mentiroso puede hacerlo por diversión o para ocultar algo, mientras que el marrullero lo hace con una intención de beneficio propio. Esto añade una capa de complejidad que no siempre se considera al juzgar a estas personas.
La marrullería en la psicología criminal
En el ámbito de la psicología criminal, la marrullería se estudia como una forma de manipulación psicológica. Algunos delincuentes usan estrategias marrulleras para obtener información sensible o para manipular a sus víctimas. Este tipo de comportamiento es común en delitos como el estafador o el chantaje emocional.
Los estudios psicológicos indican que las personas con tendencias marrulleras pueden tener una baja empatía y una alta capacidad para manipular a otros. Estas características pueden hacer que sean más propensas a cometer actos ilegales si ven que les conviene.
En este contexto, la marrullería no es solo una característica personal, sino también un factor de riesgo para delinquir. Por eso, en algunos sistemas penales se analiza esta característica para predecir el comportamiento de los delincuentes.
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